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Feletti ya fracasó

Feletti ya fracasó

Columna de Walter Giannoni.


“Primero repongo, después entrego”. La frase pertenece a un protagonista de la industria de la alimentación del interior del país y no tiene otra interpretación más que una lógica indudable. Una consistencia absoluta con su primera función como empresario: preservar la empresa.

A un mes de las elecciones el Gobierno está abrumado por la inflación y el alza de los precios. Los amagues de Alberto Fernández en el Coloquio de IDEA y la designación de Roberto Feletti en la Secretaría de Comercio son sólo una muestra más de la desesperación porque se les fue de las manos uno de los temas que más cala en el ánimo de la gente: la comida.

Fatigado desde hace años por la macro, el amplio mundo de la alimentación no tiene más remedio que trasladar a precio los mayores costos. Aquello de “primero repongo”. Cabe señalar que a este mundo lo integran no sólo las grandes proveedoras de productos de almacén y bebidas, sino también la industria cárnica, aviar la producción de verduras y frutas y actores atomizados, como la panificación.

En el caso de las grandes compañías, es necesario entender el nudo. Ejemplo: Molinos Río de la Plata, por más grande que sea y más espacios de góndola que ocupe, detenta una porción de la oferta en una parte del mercado.

Topearle el precio de los fideos Matarazzo a la salida de fábrica no evita que el producto suba en los cientos de eslabones que tiene una cadena comercial y de distribución, donde nadie va a dejar pasar por alto la suba de sus costos porque Feletti se ponga serio.

Intentarlo es querer contradecir la segunda parte de aquella frase: “después entrego”.  Compelidas por los amagues oficiales las empresas van a terminar entregando más mercadería al precio real en el circuito comercial de cercanía. Sucede con ciertos productos que desaparecieron hace rato de las góndolas de las grandes cadenas pero sí pueden encontrarse en el almacén del barrio.

Feletti ya fracasó, como todos los controles de precios. Lo sabe de antemano. Su designación es un hecho político de campaña. Está ahí para decir que a partir de ahora, “pero esta vez va en serio, eh”, las empresas no van a hacer lo que quieran porque el Gobierno se va a ocupar de controlarlos. Aparecerán spots de campaña con eso y así terminará, una vez más, este capítulo repetido de la historia argentina.

 

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