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Inflación, congelamiento y ganancias empresarias: ¿El Gobierno hace como el tero?

Inflación, congelamiento y ganancias empresarias: ¿El Gobierno hace como el tero?

Si las ganancias empresariales explicaran la inflación, la Argentina sería un país estable (en deflación), escribe Jorge Vasconcelos en el informe de coyuntura del IERAL-Fundación Mediterránea.


El economista repara que la lógica subyacente en las medidas de congelamiento de precios al consumidor tiene que ver con la presunción de un “exceso” en los márgenes de ganancias de las empresas, con subas de precios que habrían evolucionado por encima de la trayectoria de los costos.

Con esa lógica se conjetura que los congelamientos habrán de producir efecto positivo sobre la demanda agregada, ya que no existirían riesgos de caída de las inversiones de los sectores afectados ni de desabastecimiento en los mercados alcanzados por las medidas. “Es una apuesta muy fuerte, pese a que no existen evidencias que la avalen”, añade Vasconcelos.

A renglón seguido argumenta que si se utilizan los ratios habituales de rentabilidad y/o flujo de caja de los balances de las compañías que cotizan en bolsa, de allí no surge ningún tipo de anomalía que justifique aquella presunción.

Las ganancias antes de intereses e impuestos (EBIT) son equivalentes al 15,1% de la facturación en el consolidado de empresas que cotizan en el Merval, o sea 6,5 puntos porcentuales menos que el ratio de 21,6% de las firmas que cotizan en la Bolsa de San Pablo. No existe correlación con los datos de inflación, que muestran una brecha de 5 a 1 entre la suba de precios anualizada de la Argentina y la de Brasil.

Una compañía promedio del Bovespa vale el EBITDA que genera multiplicado por 7,2, mientras que una firma promedio del Merval es valuada multiplicando sólo por 1,8 el EBITDA correspondiente. Este ratio es crucial a la hora de decidir inversiones y calibrar el volumen de la ampliación de los emprendimientos. Después de todo, una muy reducida valorización de las firmas en relación a su flujo de caja está reflejando un combo de factores que deterioran el clima de negocios: falta de previsibilidad, riesgo país elevado, desaliento en las expectativas, enumera el analista del IERAL.

Presión de la emisión.

Vasconcelos anota que luego de una pausa de un par de trimestres, el ritmo de la emisión monetaria de este segundo semestre de 2021 ha regresado al patrón de 2020, por lo que no habrá que sorprenderse si antes de fin de año y, sobre todo, en la primera parte de 2022, la variación de la base monetaria retorne al andarivel del 50% interanual.

“Hay que prever en un horizonte cercano un resurgir de las presiones inflacionarias, que se habrán de potenciar por la recomposición de precios que se están rezagando (inflación reprimida), caso del tipo de cambio, las tarifas y también los de los productos de la canasta familiar que acaban de ser congelados con vigencia desde el 1° de octubre”, anticipa.

Esto puede tener efecto negativo sobre el nivel de actividad, tal como ocurrió con el bache del PIB del segundo trimestre de este año (en relación al primero).

¿Remedios?

Para Vasconcelos, dada la herencia que el 2021 le está dejando al año próximo, para evitar riesgos de una espiralización de la inflación, se habrá de necesitar recortar a la mitad el déficit primario del sector público nacional.

Y concluye que el tamaño de este ajuste quizá sea la principal dificultad para un arreglo rápido con el FMI, pero visto desde la urgencia de encarrilar la macro de nuestro país, es la tarea en la que habría que concentrarse, tratando de quitar del Presupuesto todos los gastos prescindibles, en lugar de que puedan dar resultado medidas que hace siglos no funcionan.

Por todo esto, en CONTAINER nos preguntamos si la gestión económica de Alberto Fernández hace como el tero: pone sus alertas donde no está su nido, lejos de donde están las causas que tiene que atacar.

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